sábado, septiembre 26, 2009

Colchón de césped y verde horizonte

Lo que sigue llegó a mí desde el amor de mi vida (que más precisamente se llama Ximena... también conocida como Sur).
Lo releí recién, tirado en el Parque España mientras recibía el sol y era acompañado por el amigo mate (por eso este post se llama así).
Y cuando leés estas cosas, te decís "¡me tengo que acordar de esto!"... bueno, ese es uno de los motivos por el que lo voy a transcribir aquí; cómo se qué lo olvidaré, lo dejo a mano. El otro motivo me gusta más todavía: compartirlo.


Fragmento de "Muchos cuerpos, una misma alma" de Brian Weiss.
(...)
En la Tierra, en el presente, somos individuos, pero la individualización es una ilusión característica de este planeta, de esta dimensión, de este planeta. Sí, estamos aquí, somos reales, tangibles, igual que el sillón en el que quizás esté sentado usted mientras lee, pero los científicos saben que un sillón lo componen sólo átomos, moléculas, energía: es un sillón y, al mismo tiempo, energía. Nosotros somos humanos, finitos y, al mismo tiempo, inmortales.
A mi entender, en el nivel superior todas las almas están interconectadas. Creemos que somos entidades individuales, separadas; pero eso es sólo una ilusión, una falsa ilusión que, aunque en la Tierra puede tener sentido, nos impide ver la realidad: estamos conectados con todas las demás almas y, en una esfera distinta, todos somos uno.
En este mundo, nuestros cuerpos son densos y pesan según parámetros físicos; sufren dolencias y enfermedades. Pero estoy convencido de que, en reinos superiores, no existen los padecimientos físicos. En esferas aún superiores, no hay nada físico, sólo conciencia pura. Y más allá (y más, y más allá), en niveles que no podemos llegar a concebir y donde todas las almas conforma una única, ni siquiera existe el tiempo. Esto quiero decir que las vidas pasadas, presentes y futuras podrían discurrir de forma simultánea.
Soy médico y psiquiatra, y curar a la gente es la pasión de mi vida. Creo que a cada uno de nosotros el instinto nos empuja hacia la curación y el crecimiento espirituales, hacia la comprensión y la compasión; en resumen, hacia la evolución. Soy de la opinión de que, espiritualmente, avanzamos, no retrocedemos. El inconsciente (o subconsciente, o mente súper consciente, o, también, alma) lleva incorporado un mecanismo que lo conduce por un sendero positivo de evolución espiritual. En otras palabras, evoluciona siempre, en todo momento, hacia la salud. En un nivel superior, el tiempo se mide en función de las lecciones aprendidas, aunque en la Tierra transcurra según los parámetros que ya conocemos. Vivimos dentro del tiempo y, a la vez, fuera de él. Nuestras vidas pasadas y futuras convergen en el presente y, si pueden inducirnos a la curación ahora, de modo que la existencia actual sea más sana y más plena desde el punto de vista espiritual, progresaremos. La retroalimentación es continua, porque su objetivo es ayudarnos a mejorar nuestras vidas futuras, incluso mientras vivimos la presente.
Tengo la impresión de que somos muchos los que dedicamos demasiado tiempo a los niveles de comprensión superiores. ¿Cómo serán? Resulta fascinante considerar la pregunta, pero ahora nuestro objetivo es curarnos cuando todavía habitamos este mundo físico. Veo que hay mucha gente, sobre todo aficionada a la New Age, que no acaba de conectar con este mundo, con el aquí y el ahora.
La progresión en los campos de la contemplación y la meditación es importante, pero quienes se pasan la vida aislados deberían darse cuenta que somos una especie que vive en sociedad. Y quienes no disfrutan de las delicias de lo físico, de los placeres de los sentidos, no aprenden plenamente la lección que les ofrece esta vida.
(...)

domingo, septiembre 13, 2009

Bienvenido septiembre