domingo, junio 22, 2008

¿A dónde vas?

"Che, pelotudo... ¿a dónde vas?" Eso solía decir Adolfo cuando alguien apenas amagaba con levantarse de la mesa de Las Cañitas. Es que nunca era un buen momento para abandonarlo. Ni la una, ni las dos, ni las tres de la mañana eran momentos oportunos. Él hacía de cada encuentro una ceremonia a la que sólo podían entrar los amigos, y esas ceremonias recién se podrían acabar cuando todos los presentes lo determinaban de común acuerdo.
Los temas de las veladas giraban en torno al laburo, la música, el Boca de Bianchi, la política o el trasero de alguna chica que pasaba por la vereda. Y también estaba lo mejor de la noche: las anécdotas que este profesor de la vida nos contaba.
Como monaguillos que no se quieren perder la misa, se iban acercando Mariano Terruela, Cristian Quintiero, El Zorrito, don Silvio y todo aquel que tuviera el honor de compartir esa mesa. Allí Adolfo solía fantasear con una revista, con una que fuera piola, con información seria, con humor, con buena fotografía, que fuera "un objeto bonito", como él solía decir.
Alguna vez deslizó que quería una tapa con fotos blanco y negro, pero con el logo en colores flúo. Las caras de asco de los presentes ante semejante disparate estético no lo amedrentaron.
Y le salió bien, ése es hoy el sello de TXT. Es una revista que se diferencia de las otras con sólo mirar el kiosco desde lejos. Había conseguido inventar algo nuevo en un universo en donde todo estaba inventado.
En aquellos tiempos, yo venía de hacer un personaje entrañable en radio con Gonzalo Bonadeo (en LaRed), un viejito gracioso que se llamaba San Felipe. Incluso tenía toda una legión de fanáticos. Me había costado mucho conseguir aquel personaje y era una carta de triunfo para sumarme al equipo de Adolfo en Radio Mitre.
"No quiero esos personajes que hacés vos. Son graciosos, pero no me interesan. Quiero que seas vos, no quiero personajes, te quiero a vos. Vení, decí lo que quieras y si resulta gracioso mejor", eso me dijo, justo en ese momento.
Me había sacado mi escudo, mi disfraz. Me dejaba a cara limpia.
Así fue como empecé, allá por el año 2002, en Mirá lo que te digo. Sin saber exactamente cuál era mi función. En el primer programa creo que dije "buenas tardes" y, dos horas después, "hasta mañana".
Poco tiempo más tarde encontré mi lugar, luego me ofrecieron hacer mi propio programa. Una vez más, Adolfo estaba inventando.
Gracias por todo lo que enseñaste. Pero, principalmente, gracias por tu amistad.
Te extraño,
Gillespi.

1 Comments:

At 4:31 PM, Blogger Ale said...

Revista TXT, año 2, número 89, 26 de noviembre de 2004,
Tras el fallecimiento de Adolfo Castello (también director de TXT), sus amigos toman la palabra.

 

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