viernes, junio 27, 2008

Cosas que pasan

Tengo un cuaderno de hojas transparentes que lleno de vivencias. Pero apenas termino de escribir, las nuevas vocales y verdades se mezclan allí con los viejos relatos.

En aquel rejunte lo que había sido nombrado cambia de nombre, lo acontecido se transforma en otro suceso, las certezas pasan a dejar de ser, y las formas, los motivos y las consecuencias se vuelven diferentes.

El cuaderno de hojas transparentes no sólo refugia, también interpreta. Y ninguna de mis historias queda a salvo de las evoluciones.

domingo, junio 22, 2008

Motores

Es curioso, repasaba alguna veces El Hacedor de Mapas, cómo alguna gente aprende a salvarse. No todos se salvan de la misma manera y, definitivamente, no todos se salvan. Pero volviendo a la forma, más causa y menos consecuencia, hay quienes lograron salvarse (y aún lo practican) recordando los sentimientos y las ganas que llevaban cuando niños.
Sin aquella ingenuidad de la infancia y con mucha más paciencia, el proceso de salvataje basaría en redescubrir los viejos motores, adaptarlos al hoy y volver a encenderlos. "Los que fuimos, todavía los somos; nos han contaminado mucho pero a la autenticidad no la hemos perdido, sólo la hemos olvidado", solía proponer El Hacedor de Mapas.

¿A dónde vas?

"Che, pelotudo... ¿a dónde vas?" Eso solía decir Adolfo cuando alguien apenas amagaba con levantarse de la mesa de Las Cañitas. Es que nunca era un buen momento para abandonarlo. Ni la una, ni las dos, ni las tres de la mañana eran momentos oportunos. Él hacía de cada encuentro una ceremonia a la que sólo podían entrar los amigos, y esas ceremonias recién se podrían acabar cuando todos los presentes lo determinaban de común acuerdo.
Los temas de las veladas giraban en torno al laburo, la música, el Boca de Bianchi, la política o el trasero de alguna chica que pasaba por la vereda. Y también estaba lo mejor de la noche: las anécdotas que este profesor de la vida nos contaba.
Como monaguillos que no se quieren perder la misa, se iban acercando Mariano Terruela, Cristian Quintiero, El Zorrito, don Silvio y todo aquel que tuviera el honor de compartir esa mesa. Allí Adolfo solía fantasear con una revista, con una que fuera piola, con información seria, con humor, con buena fotografía, que fuera "un objeto bonito", como él solía decir.
Alguna vez deslizó que quería una tapa con fotos blanco y negro, pero con el logo en colores flúo. Las caras de asco de los presentes ante semejante disparate estético no lo amedrentaron.
Y le salió bien, ése es hoy el sello de TXT. Es una revista que se diferencia de las otras con sólo mirar el kiosco desde lejos. Había conseguido inventar algo nuevo en un universo en donde todo estaba inventado.
En aquellos tiempos, yo venía de hacer un personaje entrañable en radio con Gonzalo Bonadeo (en LaRed), un viejito gracioso que se llamaba San Felipe. Incluso tenía toda una legión de fanáticos. Me había costado mucho conseguir aquel personaje y era una carta de triunfo para sumarme al equipo de Adolfo en Radio Mitre.
"No quiero esos personajes que hacés vos. Son graciosos, pero no me interesan. Quiero que seas vos, no quiero personajes, te quiero a vos. Vení, decí lo que quieras y si resulta gracioso mejor", eso me dijo, justo en ese momento.
Me había sacado mi escudo, mi disfraz. Me dejaba a cara limpia.
Así fue como empecé, allá por el año 2002, en Mirá lo que te digo. Sin saber exactamente cuál era mi función. En el primer programa creo que dije "buenas tardes" y, dos horas después, "hasta mañana".
Poco tiempo más tarde encontré mi lugar, luego me ofrecieron hacer mi propio programa. Una vez más, Adolfo estaba inventando.
Gracias por todo lo que enseñaste. Pero, principalmente, gracias por tu amistad.
Te extraño,
Gillespi.

sábado, junio 21, 2008

Otra perspectiva

Durante estos días de ausencias virtuales, el autor del blog informa que ha estado en lugares como el de la foto con el objeto de buscar otra perspectiva sobre el mundo y poder compartir el descubrimiento con las multitudes.


Pero por el momento no está resultando, el mismo humo no permite ver nuevos horizontes:




...seguiremos intentando :-)

Lecturas

Buenas! Pasen y lean :-)

En su primera conferencia de prensa del último lustro, hace tres días, el señor ex presidente se quejó de que en 2002, cuando la bonaerense mató a Kosteki y Santillán, el diario Clarín tituló “La crisis se cobró dos nuevas muertes”, pero habló de “represión” cuando la Gendarmería detuvo a De Angeli la semana pasada. No podría tener más razón.

Guiado por su razón, casi encandilado, impaciente por acordar con él, busqué en todos los archivos de 2002 sus enérgicas declaraciones de repudio y condena al gobierno de Eduardo Duhalde por el asesinato de Kosteki y Santillán, y no encontré nada de nada. El entonces gobernador que, ahora ex presidente, condena a Clarín hizo entonces lo mismo que ahora condena, pero un poco peor: no dijo ni una palabra sobre el crimen que le costó la presidencia a su entonces amigo y mentor.

Pero ahora dice lo que entonces no dijo, como mañana no dirá lo que sí dijo ayer. Y ése es, en general, su problema: dice, dice, siempre fuera de tiempo, cosas que no soportan la menor comparación con su historia o con su práctica presente. Se aprovecha –trata de aprovecharse–
de la escasa memoria de nosotros argentinos: de la flaqueza de esa Memoria de la que tanto habla, y dice, y dice.

Es lo mismo que hace su mujer y presidenta, siempre con la Memoria en una esquina de la boca.
Anteayer, en la plaza, tras nombrar madres y abuelas, dijo que quería que advirtiéramos que “si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia”. No es poco, tener una presidenta que cita a Carlos Marx. Aunque la señora presidenta haya citado su cita más citada –su epígrafe del 18 Brumario de Luis Bonaparte–, pero mal: “los grandes hechos y personajes de la historia suceden dos veces, primero como tragedia y después como farsa”, escribió el alemán, y no, como dijo la señora, “como comedia” que, como ella sabe, no es lo mismo. Farsa, dice la Real Academia, es “un enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar”.

Quién sabe por qué no quiso hablar de farsas en un acto con todos los rasgos farsescos del peronismo actual –los asistentes mercenarios y despolitizados, la desconexión entre oradores y público, la ausencia de consignas compartidas–: el simulacro de un acto político, una escenografía
para darle más fuerza a una cadena nacional. Pero su mecanismo es el mismo que el de su señor marido: allí donde el señor reprocha a Clarín que haya hecho lo mismo que él, la señora cita a Marx para defender su gobierno capitalista –del famoso capitalismo de amigos, que ni siquiera Marx supo definir en su momento.

La verdad, hay días en que los escucho y me sube la mostaza. ¿Será posible que nos sigan tomando por tarados? ¿Por nabos a los que se les puede decir cualquier verdura? ¿Por desmemoriados descerebrados desechitos? Digo: en honor a la famosa Memoria, ¿sería posible que se callaran la boca?

En honor a la Memoria que nos ayuda a recordar que ustedes, señores K., durante la dictadura vivían en Río Gallegos, pueblo chico, donde todos saben quién es quién, y se dedicaban a ganar mucha plata ejerciendo lo más indigno del capitalismo –el préstamo hipotecario– mientras los militantes que ustedes ahora ensalzan morían peleando contra el capitalismo.

En honor a la Memoria que nos ayuda a recordar que ustedes participaron en la entrega del petróleo –y recibieron muy buen pago por ella–, mientras algunos otros, pocos, hacían lo que podían por impedirla: eran las épocas en que usted, señor, decía que Menem era “el mejor presidente de la Argentina desde Juan Perón”, cuando manejaba su provincia cual campito y todavía no había empezado a despotricar contra los noventa como esa época negra que, en efecto, con su ayuda, fue.

En honor a la Memoria –a la nuestra, a la que los recuerda–, por su honor –si les importa–, ¿no podrían dejar de hablar de todo eso, de los años setenta, de los años noventa? Ustedes hicieron lo que hicieron, y ni siquiera es tan grave. Al fin y al cabo, la Argentina está llena de personas que
hicieron lo mismo: supongo que por eso los votaron a ustedes. Lo que hicieron –hacerse los osos cuando los militares, apoyar al gobierno de Menem–, ni siquiera da para condenarlos, pero sí
para pedirles que por favor, por honor, por pudor, no hablen más de esas cosas, no nos ofendan con memorias falsas. Seguro que si buscan otros temas los encuentran: la Argentina es un país tan generoso, tan sediento. Por favor, tómense el trabajo. O sigan creyendo que somos todos pelotudos y paguen el precio que suele cobrar esa creencia.

(Es curioso: al repasar este repaso, veo que cada vez que, en la historia argentina reciente, los Kirchner tomaron posición sobre algo serio, yo estuve del otro lado. Por eso, al fin y al cabo, no me extraña seguir estándolo. Sí me extraña que algunos que también estuvieron enfrente
–que sufrieron la represión militar, que se opusieron a las privatizaciones, que lucharon por la pluralidad, que militaron contra Menem– ahora estén a su lado. Supongo que, entre las ganas de ilusionarse y la tentación de acercarse al fogón, pasan esas cosas. A veces los entiendo: es cierto, sería tan bonito que alguna vez, en algún futuro posible, sus acciones se parecieran a sus palabras.)

La nota original, con la letra de Martín Caparrós, en la página 47 de este pdf.

martes, junio 10, 2008

Memorias

lunes, junio 02, 2008

Iba haciendo luz

No había luz en la guarida subterránea. Y como no había, la fabricó.
A los dragones, fuego mediante, les salía naturalmente pero Kenobi se las tuvo que ingeniar frotando rocas. "El Liberador de Ozono", se llamaba así mismo y se abría camino iluminando.
Pero en la caverna predominaban los momentos oscuros. Y era difícil no sentirse prisionero de las penumbras.
Con los dragones no había logrado comunicarse, ellos parecían tener plan propio. Los sospechaba cerca cuando oía crujidos pero sin la magia del fuego o los cuarzos nunca lograba divisarlos; aunque a veces despertaba encontrando a alguno de ellos dormido a sus pies, acurrucado, buscando refugio y compañía.
Aquellos días ya no eran diferentes unos de otros. La primera satisfacción por haber encontrado alimento (vegetales que colgaban como estalactitas en las paredes de piedra) ya no le causaba maravilla: cada tramo que recorría era similar al anterior y no había rastros de salida.
La guarida subterránea era una cárcel, creía Suliban Kenobi. Pero todavía se exigía pensarla como un laberinto. "El aleteo de la pequeña mariposa que provocará huracanes al otro lado del mundo", recordó al caminar; y ya no eran sus fuerzas las que movían sus piernas.