domingo, septiembre 18, 2005

Habría que esperarlas...

París. Media mañana. Un bar. El mozo retira y reparte tazas de café con leche. El aire está lleno de murmullos, cada mesa tiene su propio sonido.
Los clientes desayunan. Trajes de oficina, potafolios, estudiantes que subrayan apuntes. Ella mantiene la mirada en una revista y parece sonreir. Se levanta de la silla, nos muestra su hermosa figura y se acerca al desconocido de la mesa de al lado.
Hablan en francés.

Ella -Perdón... No quisiera molestarlo pero... ¿Puedo?
El -Sí.
Ella -Gracias. (Se sienta comodamente)
Leí algo extraordinario en una revista... y tenía ganas de hablarlo con alguien.
El -¿Y tenía que elegirme a mi? (Pregunta divertido)
Ella -¿Usted no es francés?
El -No, soy de Nueva York, pero vivo aquí. ¿Y Usted es?
Ella -Italiana.
El -¿Italiana?
Ella -¿Puedo?
El -Si cuenteme. Soy todo oídos. ¿Se dice así "todo oídos"?
Ella -Espero que si. (Hace una pausa, ambos se miran a los ojos)
En Méjico, unos científicos contrataron cargadores. Querían ir a una ciudad inca, en la cumbre de una montaña. En un momento dado, los cargadores se detuvieron y no quisieron seguir más. Los científicos no sabían que hacer para convencerlos. No entendían la razón de una detención tan larga. Después de unas horas, los cargadores siguieron y su jefe se decidió a dar una explicación.
El -¿Que había pasado?
Ella -Veo que le interesa.
El -Ahora mucho.
Ella -Dijo que habían caminado demasiado rápido. Que tenían que esperar a sus almas.
El -¿A sus almas?
Ella -Es magnífico porque nosotros también corremos detrás de nuestras cosas y perdemos el alma. Habría que esperarla.
El -¿Para hacer que cosas?
Ella -Todo lo que nos parece inútil.

Más allá de las nubes. Film de Michelangelo Antonioni y Wim Wenders.

miércoles, septiembre 07, 2005

La luz y la sombra

El disparador de este post a la deriva es el recuerdo de la visita a la muestra de Ciruelo. Rodeado de dragones y mujeres aladas, uno no necesita de mucho esfuerzo para romper las fronteras que nos dividen del Mundo de la Fantasía y echarse a correr por sus praderas.
Creo que son decisiones sumadas a circunstancias, con grandes dosis de pasión y algunas puñaladas de paciencia. Pero... no estoy tan lejos. ¿Será la falta de sueño?
Presiento que el aire tiene una nueva textura, y algo de eso se filtra a la mano que le cuenta al papel lo que luego va a leerse en pantalla. No sé muchas cosas, sólo soy un mortal que, como el resto de ustedes, se está jugando la vida.

Posdata/Advertencia:

"El implacable guardián que bloquea el portal a los reinos de la magia será, sin embargo, desintegrado por una simple oración llegado el día".

Cuaderno de Viajes de Ciruelo

domingo, septiembre 04, 2005

Lo que no dijeron las palabras...

Las últimas dos semanas fueron pobladas por acontecimientos asombrosos. Cosas y situaciones independientes unas de otras que seguramente me llenaron de marcas profundas que iré descubriendo con el tiempo. La he pasado muy bien durantes estos días intensos. Ya llegarán las palabras que narren, a su modo, lo sucedido.
Ahora, hoy domingo por la noche, es tiempo de darle lugar al placer de recordar. Así que me pondré mis anteojos y me iré a descansar hacia tierras lejanas, allí donde confluyen los sentimientos y la memoria.

Posdata: Todo existe.

ale

El común denominador

por Ray Bradbury.

Finalizaré diciendo algo obvio: que todos estamos abocados a la misma tarea.
Tal como lo dije a un grupo de funcionarios del Unión Bank el año pasado: "Espero que no piensen que están en el negocio de hacer dinero".
Hubo un momento de silencio y estupor.
Antes de que alguien dijera algo, proseguí: "Están en el negocio de predecir el futuro. Si lo predicen bien, y actúan en consecuencia, entonces sólo entonces, se merecerán obtener ganancias".
Así son las cosas. Los Bancos, las películas, la pintura, la agricultura, los juguetes. Nos une el común denominador de los sueños, a los que llamamos "el mañana".

Del libro: Fue I Será. Año 1991.

La ciencia ficción

por Ray Bradbury

Todo lo que nos ha sucedido nunca pero nunca iba a pasarnos.

Así sostenían los que saben. Así pensaban los hombres de bien.

Pero los escritores de ciencia ficción siempre supieron otras cosas. Pudieron vislumbrar esa locomotora que avanzaría por las vías cambiando el rostro de la Guerra Civil. Fueron capaces de anticipar multitudinarios inventos que fueron dando formas a la humanidad y que, por consiguiente, sacudieron los mismísimos cimientos de las iglesias y sinagogas de todo el mundo. La ciencia ficción es, entonces, la ficción de las revoluciones. Las revoluciones del tiempo, del espacio, de la medicina, de los viajes y del pensamiento. Es la ficción del moralista que levanta el dedo y nos dice: "¡Pórtense bien o aprieto el botón!". Es la ficción del escritor/teólogo que, como en un espejo, muestra en el rostro del hombre la imagen de Dios y le promete un cielo real y verdadero, siempre que sea capaz de mover el trasero y lanzarse a una nueva génesis en órbita de la Luna y luego a la oscuridad del abismo.

Por encima de toda otra consideración, la ciencia ficción es la ficción de los hombres y de las mujeres de sangre caliente a veces encumbrados y a veces aplastados por sus propias máquinas. Surgen los grabadores y el hombre grita: "?Qué hago?". Nacen los dispositivos electrónicos y las computadoras y el hombre se pregunta: "Y ahora qué?. Surge la televisión, el cine, la radio y los discos -una auténtica Torre de Babel electrónica- y se pregunta: "Donde quedará mi cordura?". "No pierdas la calma, siéntate bajos los árboles, llénate de verde", nos enseña la ciencia ficción.

Del libro: Fue I Será. Año 1991.