lunes, enero 31, 2005

Michael Ende

-Casiopea - explicó el maestro Hora - tiene la facultad de ver un poquito el futuro. Cosa de media hora.

Momo sonrió.
-¿Me has buscado todo este tiempo?
CIERTO, apareció en el caparazón de la tortuga.
-¿Y cómo has venido a encontrarme precisamente aquí y justo ahora?
LO PREVEIA.
Así que la tortuga había estado buscando todo el tiempo a Momo, aun sabiendo que no la encontraría. Entonces, no habría hecho falta que la buscara. Esa era otro de los enigmas de Casiopea que hacían que uno se volviera loco si lo pensaba demasiado tiempo. Pero ahora, por lo menos, no era el momento más apropiado para reflexionar sobre esa cuestión.

jueves, enero 20, 2005

Tsunami

4 notas* sueltas y un paréntesis

"En una obra recientemente traducida, David Arnold justamente se ocupa de "La naturaleza como problema histórico". Para el autor pareciera que la naturaleza nunca se ha constituido como problema histórico. Ni la historia de la revolución francesa o de la alemania nazi se escribieron haciendo referencia al clima o a las ideas ambientalistas circulantes, reflexiona. La naturaleza parece pertenecer al dominio de los técnicos, pero no de los historiadores. Quizás por ello ésta sea una realidad que sólo en los últimos años esta cambiando, aunque un recorrido por la misma historia encuentra referencias suficientes como para considerar que la temática es tan vieja como la propia reflexión del hombre".

"Todo crece mucho más y mejor en Asia - escribía Hipócrates -, y la naturaleza de la tierra es más dócil, mientras que el carácter de sus habitantes es sobrio y poco pasional. La razón de esto se halla en la equilibrada mezcla del clima, pues está a medio camino entre el alba y el ocaso".

"La actitud humana en relación con su entorno expresada a través de la historia del pensamiento, de la historia humana y natural, nos indica los profundos terrenos en los que la crisis ambiental se arraiga. Pero como ya advertía Engels, no deberíamos vanagloriarnos en exceso de nuestras victorias sobre la naturaleza, ésta toma venganza sobre nosotros".

"En la gran cadena de causas y efectos ninguna actividad debería ser considerada aisladamente".

(La naturaleza es el tablero y por más fichas que movamos...)

*Las notas son del libro Dominios, de Gustavo Cimadevilla.

jueves, enero 13, 2005

Y finalmente, se viene la novela.

Bajó suavemente las escaleras y la música y la niebla invadieron sus sentidos.
El sonido retumbaba por todos los rincones y era imposible no balancearse. Un universo de gente bailaba allí abajo. Las paredes y los cuerpos transpiraban.
Eran las 3 y media de la mañana: el momento justo, donde se hacía presente lo que la luz de la luna había cocinado durante toda la noche. Y él estaba allí, recién llegado de un mal sueño. Ahora se sentía feliz.
El piso resbaladizo lo llevó de prisa hasta la barra. Las botellas danzaban y los vasos viajaban de mano en mano, mientras la caja registradora ensanchaba su sonrisa y cantaba.
A su lado, un pelado con la remera de Los Redondos disfrutaba de una mezcla y no vio venir a una diminuta mujer que, despedida de la pista, tropezó con su espalda. El licor se diluyó en el piso y nacieron las disculpas de la muchacha.
Ella era dueña de los ojos más azules del mundo y un mar de granitos llenaban su mirada, como mucho tendría sólo 17 años. El pelado contempló aquella belleza y se iluminó. Su chamuyo no se hizo demorar. Y Gustavo imaginó que toda una jauría invadía el lugar y rodeaba aquel encuentro. Sintió muchas ganas de participar de la fiesta.
Tocó con amistad el hombro del pelado y cuando logró su atención le contó que él era fanático de Pulp Fiction, a la que calificó como una banda tan grossa como Los Redondos. El destino guardará para siempre si el pelado escuchó la frase en su totalidad, aunque no existe la menor duda de que alcanzó a oír que el adjetivo redondos era sinónimo de grosso, y decidió fundirse en un abrazo con aquel poeta.
Así fue que Gustavo se vio con una pequeña botella de Pronto Shake en su mano, mientras era guiado por el pelado y la muchacha oceánica, hacia la otra punta del local. En su camino por la pista, sus ojos ya adaptados al humo y al sudor, eran hipnotizados por aquel ritual de besos y excesos. Al mismo tiempo que sumaba miradas felinas que lo invitaban a detenerse. Pero el pelado insistía alejándose y el carisma de aquel tipo prometía que seguirlo era la mejor elección.
Cuando el hombre calvo se detuvo, detrás quedó la niebla y la música dejó de ser un poderoso ruido para convertirse en una cálida melodía. A su vez, la pista fue reemplazada por varios sillones que estaban poblados de seres entrelazados cariñosamente.
La mujer que venía con ellos agarró al pelado y lo plantó en un sillón. Con la tranquilidad de saberse dueña de la situación, le abrió su bragueta y lo montó. Los ojos del pelado se cerraron y sus manos se apoderaron del movimiento de aquel cuerpo que viajaba y lo invitaba al paraíso.
Gustavo se sintió totalmente embriagado de placer. De repente, sus moléculas gritaron revolución y percibió la presencia de un mágico ser que esperaba a sus espaldas. Casi tuvo miedo de darse vuelta, sabía que una mujer demasiado hermosa estaba allí, y sabía que su intención era enamorarlo como pocas veces se enamora alguien en el tiempo de una vida.
En un segundo de coraje, abandonó sus pensamientos y la enfrentó. Era un ser gótico, como si fuera un hada nacida del cerebro de Tim Burton. Una deliciosa combinación de carne y de noche, con un cuerpo moldeado por la selva más profunda del Amazonas.
El habla se le fugó a Gustavo. No encontró respuestas para semejante estimulo.
La mujer se hundió en el único sillón vacío e indicó que prendería un cigarrillo, Gustavo vislumbró una esperanza y su Zippo no tardó en encender los ojos de aquella princesa nocturna. La inmensa boca de la dama llevó el cigarro hasta el encendedor y un anillo de humo fue la invitación para acceder al sillón tan deseado.
Sin embargo la mujer no ofreció ninguna bienvenida.
- No podrás tenerme esta noche. – Sentenció con voz gélida. – No, al menos que te quedes conmigo para siempre.
Un río de confusión recorrió la venas del cuerpo del muchacho y al borde del infarto vio como el pelado, los sillones, la pista y todo lo que componía aquel boliche comenzaba a desaparecer.
La mujer a su lado, la que había conquistado para siempre su corazón y el motivo de su existencia, fue la última en apagarse.
La niebla volvió como una mancha negra y transformó el lugar en un abismo.
Con los ojos inundados, Gustavo se despertó. El reloj anunciaba las 8 de la mañana y la cama y la habitación donde se encontraba, amenazaban con convertir la mejor noche de su vida en nada más que la fantasía de una triste y cotidiana realidad.
No quiso despertarse, pero aquello ya había sucedido y era inevitable. Torpemente recordó que era domingo y que los hechos más recientes de su vida lo habían cambiado todo.
Y aunque lo tenía decidido, la tristeza no dejaba que su cuerpo se levante. En su cabeza todavía navegaba aquella voz femenina y su terrible advertencia: si quería poseerla, debía quedarse con ella para siempre, a dormir (a vivir) en aquel país de los sueños.
Mentalmente repasó el contenido del botiquín del baño y verificó que los calmantes seguían allí.Para cualquiera de sus caminos, tenía que levantarse y salir de su cama. Decidió tomarse cinco minutos para pensarlo.
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Lo reciente es la introducción a un capítulo de mi primera novela, que creo tiene fecha de publicación para octubre del 3005. Si para aquellos tiempos, todavía andan por estos lares, recuerden que tuvieron el privilegio (o la desgracia) de ser los primeros.
Mil veces buenas noches y mucho cuidado con lo que sueñan.
Ale