Hoy
El despertador sonó a las 5:30, a las 6 y a las 6:30. Pero nos levantamos recién a las 7 (en realidad Melina a las 7 menos 20). Íbamos a estudiar temprano... pero fue mejor dormir.
Desayunamos té y, tras cambio de ropa, la llevé hasta la casa, haciéndome el que manejaba despierto. Después me fui hasta el trabajo escuchando Civilización (qué bailamos el sábado pasado con la banda en vivo) y, recordando las canciones vividas, llegué temprano, 15 minutos antes de las 8.
Así que estacioné y, como estaba cerrado todavía, comencé a leer por primera vez el libro que ayer me había regalado ella:

Tras la breve primera lectura comenzó el trajín laboral (que a la mañana es maratónico). Se cumplen tareas pendientes, crecen tareas pendientes... esas cosas. Pero con mejoras, capaz. En algún intervalo ofrecí unas "tostadas" que llevé y que nadie quiso recibir porque todo el mundo prefiere medialunas (yo también).
Del trabajo me fui unos 5 minutos antes para evitar el tráfico de las 5 y partí hasta la primera clase de los martes, donde esta vez el ministro de seguridad de la provincia de Sta. Fe, Daniel Cuenca, daba una conferencia de prensa. Entré, grabador en mano, suponiendo que otra vez llegaba tarde pero no fue así, tuve la inédita sensación de esperar a que comenzara la clase. Y estuvo bueno, no tan loco todo, y Cuenca claro y concreto (lo que no es normal en un político).
Cuando terminé volví para casa sabiendo que me iba a hacer un tiempo para continuar leyendo Conejo de Viaje (momento zen). Y así fue, un cable a tierra al retorno de las cosas cotidianas importantes. Y también un reencuentro con la sensación de volver a viajar (uno de los pendientes más importantes).
Aunque necesario, el momento zen duró poco. Tenía que ir a otra clase: política internacional (estoy cursando las últimas dos materias de periodismo, también curso logística pero eso es otro post). Entonces antes de ir hasta periodismo pasé por la farmacia para comprar gotas para los ojos. Esta farmacia que voy es chiquita, está atendida por mujeres muy simpáticas pero... siempre pasan cosas raras allí. Y esta vez no fue la excepción: encontré un bolso olvidado (un bolso bastante grande) y nadie sabía de quién era. Así que lo guardaron detrás del mostrador esperando que llegue la persona desmemoriada que lo reclame (tal vez si se toma el medicamento se acuerda que lo perdió).
Bueno, el día continuó. A la clase llegué con lo justo, cuando el profesor recomendaba no perder de vista la nota donde el diario El País (de España) analiza la política exterior Argentina (o la falta de política exterior, más bien). Aquí la nota. Luego encendimos la máquina del tiempo y nos fuimos hasta casi los finales de la guerra fría ("el mundo ha sido divido por una cortina de hierro"...). Fue muy buena la clase, pero siempre devuelve una sensación extraña y angustiosa: se ha hecho poco y se ha hecho mal... o está todo muy quemado o queda mucho por hacer.
Cuando apenas salí, fui a buscar a mi hna a la facultad de Derecho y por último a comer a casa. Después de cenar, viajé otra vez con el libro nuevo... pero ahora sabiendo que buena parte del día ya había terminado.
Y me quedé leyendo lentamente.













